Algunos días, algunas noches, asaltan sueños nada gratos: sueños oscuros o grises que vienen a descomponer el apacible abandono de lo consciente. Algunas palabras, algún gesto que abraza de manera fría por encima del hombro e invita así a la incertidumbre traducida den un temor, en un miedo…
¿Cuántos miedos existen en mi? ¿Cuántos pueden nacer, y cuántos morir sin más? Estas noches, estos sueños se nombran aquí, se vierten a la corriente de este río para que al humedecerse terminen por romperse a sí mismos.