Las madrugadas son buenas amigas para pensarse a sí mismo. Son momentos de paz o de angustia, pero, al fin, momentos de uno con sí mismo. Las madrugadas nos conducen a repensar, a escuchar los sonidos de la apacible ciudad por despertar. Las madrugadas nos dejan escuchar los sonidos de la ciudad que somos, de la poesía de nuestras emociones, del color de nuestros días.
Es de madrugada, en estos insomnios que habla la soledad, y viene, se instala y besa los pies.
Beso la luz del amanecer, y beso las palavras no vento que me ayudan a salvarme del insomnio…